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¡OH HIJO DE LA JUSTICIA! En la noche, la belleza del Ser inmortal se dirigió desde la cima esmeralda de la fidelidad hacia el Sadratu’l-Muntahá, y lloró con tal llanto, que el concurso de lo alto y los moradores de los reinos celestiales gimieron al oír Su lamento. Entonces se preguntó, ¿por qué los lamentos y el llanto? Él respondió: Como se me ordenara, esperé ansioso en el monte de la lealtad, mas no aspiré la fragancia de la fidelidad de quienes habitan la tierra. Luego, llamado a regresar, miré y ¡he aquí! ciertas palomas de santidad eran atormentadas por las garras de los perros de la tierra. Entonces la Doncella del cielo, desprovista de velos y resplandeciente, salió apresuradamente desde Su mística mansión, y preguntó por sus nombres, y todos fueron dados salvo uno. Y al insistir, fue pronunciada su primera letra, después de lo cual los moradores de los aposentos celestiales salieron precipitadamente de sus moradas de gloria. Y mientras se pronunciaba la segunda letra, cayeron sobre el polvo todos y cada uno de ellos. En ese momento se oyó una voz proveniente del santuario más íntimo: “Hasta aquí, y no más”. En verdad, damos testimonio de lo que han hecho y de lo que hacen ahora.

Bahá’u’lláh

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