¡Oh Dios, mi Dios! Estos son Tus débiles siervos; ellos son Tus esclavos leales y Tus siervas, que se han inclinado ante Tu exaltada Expresión, se han humillado ante Tu Umbral de luz y han dado testimonio de Tu unicidad, mediante la cual se ha hecho brillar al Sol con esplendor cenital. Ellos han escuchado el llamamiento que Tú elevaste desde Tu Reino oculto y han respondido a Tu llamada con sus corazones palpitando de amor y arrobamiento.

Oh Señor, derrama sobre ellos todas las efusiones de Tu misericordia, haz llover sobre ellos todas las aguas de Tu gracia. Haz que crezcan como hermosas plantas en el jardín del cielo y, mediante las nubes llenas y rebosantes de Tus dádivas y los profundos remansos de Tu abundante gracia, haz que este jardín florezca, y mantenlo siempre verde y brillante, siempre fresco, reluciente y hermoso.

Tú eres verdaderamente el Poderoso, el Exaltado, el Potente, Aquel que en los cielos y en la tierra es el único que permanece inmutable. No existe otro Dios sino Tú, el Señor de las señales y los signos manifiestos.

‘Abdu’l-Bahá

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