¡Él es Dios!

¡Oh Dios, mi Dios! Estos son siervos atraídos en Tus días por las fragancias de Tu santidad, encendidos por la llama que arde en Tu árbol santo, que responden a Tu voz y pronuncian Tu alabanza; han sido despertados por Tu brisa y avivados por Tus dulces aromas; contemplan Tus señales, comprenden Tus versículos, escuchan Tus palabras, creen en Tu Revelación y están seguros de Tu bondad. Sus ojos, oh Señor, miran fijamente Tu reino de gloria refulgente, y sus rostros están orientados hacia Tu dominio de lo alto; sus corazones laten con el amor de Tu radiante y gloriosa belleza; sus almas se consumen con la llama de Tu amor, oh Señor de este mundo y del mundo venidero; sus vidas arden de anhelo por Ti, y sus ojos derraman lágrimas por Tu causa.

Ampáralos dentro de la fortaleza de Tu protección y seguridad; resguárdalos con Tu vigilante cuidado; míralos con los ojos de Tu providencia y Tu misericordia y haz de ellos señales de Tu divina unidad manifiestos en todas las regiones, estandartes de Tu poder que ondean sobre Tus mansiones de grandeza, lámparas brillantes que arden con el aceite de Tu sabiduría en los faros de Tu guía, aves del jardín de Tu conocimiento que gorjean en las ramas más altas de Tu paraíso protector y gigantes del océano de Tu munificencia que se sumergen en las insondables profundidades por Tu suprema misericordia.

¡Oh Señor, mi Dios! Humildes son estos siervos Tuyos, enaltécelos en Tu dominio de lo alto; son débiles, fortalécelos con Tu supremo poder; están humillados, concédeles Tu gloria en Tu elevadísimo reino; son pobres, enriquécelos en Tu gran dominio. Ordena, pues, para ellos todo el bien que has destinado en Tus mundos visibles e invisibles, hazlos prosperar en este mundo inferior, alegra sus corazones con Tu inspiración, oh Señor de todos los seres. Ilumina sus corazones con Tus dichosas nuevas difundidas desde Tu Posición todogloriosa, haz firmes sus pasos en Tu Magna Alianza y fortalece sus espaldas en Tu firme Testamento, por Tu munificencia y Tu gracia prometida, oh Tú, el Clemente y el Misericordioso. Tú eres, en verdad, el Magnánimo, el Munífico.

‘Abdu’l-Bahá

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