¡Glorificado eres, oh mi Dios! Te doy gracias por haberme hecho conocer a Aquel que es la Aurora de Tu misericordia, el Alba de Tu gracia y el Depositario de Tu Causa. Te imploro, por Tu Nombre, por el cual los rostros de quienes están cerca de Ti han palidecido y los corazones de quienes están consagrados a Ti han emprendido su vuelo hacia Ti, que me permitas asirme a Tu cuerda en todo momento y bajo cualquier condición, y librarme de todo apego a cualquiera que no seas Tú, y mantener los ojos dirigidos hacia el horizonte de Tu Revelación y cumplir lo que me has prescrito en Tus Tablas.

Atavía, oh mi Señor, mi ser interior y exterior con la vestidura de Tus favores y Tu cariñosa bondad. Protégeme, pues, de todo lo que Te sea detestable, y ayúdanos bondadosamente a mí y a mis familiares a obedecerte, y a eludir todo cuanto pueda suscitar algún deseo malo o corrupto en mí.

Verdaderamente, Tú eres el Señor de toda la humanidad y el Poseedor de este mundo y del venidero. No hay Dios sino Tú, el Omnisciente, el Sapientísimo.

Bahá’u’lláh

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