Bebés
Mujeres

Tú eres Aquel, ¡oh mi Dios!, por Cuyo Nombre se curan los enfermos, se restablecen los desvalidos y los sedientos reciben bebida; los angustiados, tranquilidad; los extraviados, guía; los humillados, exaltación; los pobres, riqueza; los ignorantes, luz; los melancólicos, iluminación; los tristes, alegría; los fríos reciben calor y los oprimidos son liberados. Por Tu Nombre, oh Dios, se movieron todas las cosas creadas y se extendieron los cielos, la tierra fue restablecida y las nubes fueron hechas para traer lluvia a la tierra. Esto es en verdad una prueba de Tu gracia para con todas Tus criaturas.

Te imploro, pues, por Tu nombre mediante el cual manifestaste Tu Deidad y exaltaste Tu Causa por encima de toda la creación, y por cada uno de Tus muy excelentes títulos y muy augustos atributos, y por todas las virtudes con que se ensalza a Tu trascendente y exaltadísimo Ser, que hagas descender esta noche de las nubes de Tu misericordia las lluvias de Tu curación sobre este lactante, a quien has relacionado con Tu gloriosísimo Ser en el reino de Tu creación. Atavíale, entonces, oh mi Dios, por Tu gracia, con el manto del bienestar y la salud, y protégele, oh mi Amado, de toda aflicción y dolencia y de todo lo que te sea detestable. Tu poder, en verdad, es suficiente para todo. Tú, en verdad, eres el Más Potente, Quien subsiste por Sí mismo. Además, haz descender sobre él, oh mi Dios, el bien de este mundo y del venidero, y el bien de la generación anterior y reciente. Tu poder y Tu sabiduría son, en verdad, suficientes para ello.

Bahá’u’lláh

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