¡Oh mi Dios y mi Maestro! Soy Tu siervo y el hijo de Tu siervo. Me he levantado de mi lecho en este amanecer en que el Sol de Tu unicidad ha brillado desde la Aurora de Tu voluntad y ha derramado su resplandor sobre todo el mundo de acuerdo con lo que ha sido ordenado en los Libros de Tu Decreto.

Alabado seas Tú, oh mi Señor, por habernos despertado a los resplandores de la luz de Tu conocimiento. Envíanos pues, oh mi Señor, lo que nos capacite para prescindir de todos excepto de Ti y nos libre de todo apego a alguien que no seas Tú. Además, decreta para mí, para quienes me son queridos y para mis parientes, hombres y mujeres, el bien de este mundo y el venidero. Resguárdanos entonces, mediante Tu infalible protección, oh Tú el Bienamado de la creación entera y el Deseo de todo el universo, de aquellos a quienes has hecho manifestaciones del Maligno, que susurran al pecho de los hombres. Potente eres Tú para hacer lo que Te place. Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.

Bendice, oh Señor mi Dios, a Aquel a Quien Tú has colocado por encima de Tus más excelentes títulos y mediante Quien Tú has separado a los piadosos de los perversos, y ayúdanos bondadosamente a hacer aquello que Tú amas y deseas. Bendice además, oh mi Dios, a quienes son Tus Palabras y Tus Letras y a quienes han dirigido sus rostros hacia Ti, se han vuelto hacia Tu semblante y han escuchado Tu llamada.

Tú eres en verdad el Señor y el Rey de todos los hombres y eres poderoso sobre todas las cosas.

Bahá’u’lláh

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