¡Él es el Dios que escucha y contesta las oraciones!

¡Por Tu gloria, oh Bienamado! ¡Tú que das luz al mundo! Las llamas de la separación me han consumido y mi perversidad ha fundido mi corazón dentro de mí. Yo Te pido, por Tu Nombre Más Grande, oh Tú, Deseo del mundo y Bienamado de la humanidad, que concedas que la brisa de Tu inspiración mantenga mi alma; que Tu voz maravillosa llegue a mi oído; que mis ojos contemplen Tus signos y Tu luz, revelados en las manifestaciones de Tus nombres y atributos, oh Tú, en Cuyo poder están todas las cosas.

Tú ves, oh Señor mi Dios, las lágrimas de Tus favorecidos, derramadas a causa de su separación de Ti, y los temores de aquellos que están dedicados a Ti en su lejanía de Tu Santa Corte. ¡Por Tu poder que rige todas las cosas visibles e invisibles! Incumbe a Tus amados derramar lágrimas de sangre por lo que ha acontecido en la tierra a los fieles a manos de los malvados y opresores. Tú ves, oh mi Dios, cómo los impíos han cercado Tus ciudades y Tus dominios. Te pido, por Tus Mensajeros y por Tus elegidos y por Aquel por Cuyo medio el estandarte de Tu divina unidad ha sido implantado entre Tus siervos, que los protejas con Tu munificencia. Tú eres verdaderamente el Bondadoso, el Todogeneroso.

Te pido además, por las dulces lluvias de Tu gracia y las olas del océano de Tu favor, que ordenes para Tus santos aquello que dé solaz a sus ojos y consuelo a sus corazones. ¡Señor! Tú ves al que se arrodilla anhelando levantarse para servirte; al muerto pidiendo vida eterna del océano de Tu favor y ansiando remontarse hacia los cielos de Tu riqueza; al forastero anhelando su hogar de gloria bajo el dosel de Tu gracia; al buscador apresurándose por Tu merced hacia la puerta de Tu munificencia; al pecador volviéndose hacia el océano de clemencia y perdón.

¡Por Tu soberanía, oh Tú que eres glorificado en los corazones de los hombres! Me he vuelto hacia Ti abandonando mi propia voluntad y deseo, para que Tu santa voluntad y agrado puedan reinar dentro de mí y dirigirme de acuerdo con lo que la pluma de Tu eterno decreto ha destinado para mí. Este siervo, oh Señor, aunque impotente, se vuelve hacia el Sol de Tu Poder; aunque humillado, se apresura hacia la Aurora de Tu Gloria; aunque indigente, anhela el Océano de Tu Gracia. Yo Te imploro por Tu favor y munificencia que no lo abandones.

Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Perdonador, el Compasivo.

Bahá’u’lláh

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